10 de diciembre de 2013

Albarracin, para desconectar este invierno

Emplazada en una colina de los Montes Universales, es ciudad medieval que se asienta en el istmo y la península que forma el río Guadalaviar. Está rodeada en sus cuatro quintas partes por un profundo tajo que hace de foso defensivo, complementado por el imponente cinto de murallas que culminan en el castillo del Andador.

Cuenta con abundantes monumentos, como la Iglesia de Santa Maria, la Catedral, el Palacio Episcopal, algunas mansiones señoriales, entre las que destaca la de los Monterde, y una peculiar arquitectura popular donde destacan la casa de la Julianeta, la casa de la calle Azagra, la plaza de la Comunidad y la pequeña y evocadora Plaza Mayor.

Pero el encanto de Albarracín está sobre todo en el trazado de sus calles adaptadas a la difícil topografía del terreno, con escalinatas y pasadizos y en el conjunto de su caserío de muros irregulares, de color rojizo, con entramado de madera, en difícil equilibrio, con aleros que se tocan. Una característica diferenciadora de la ciudad de Albarracín respecto a los pueblos de la Sierra es el empleo abundante de las estructuras con entramado de madera y tabicones de yeso rojizo que confieren el color característico al conjunto. El yeso es material característico en Albarracín, más incluso que la piedra. La arquitectura de madera y yeso es más liviana que la de piedra, lo que reduce el volumen de materiales a utilizar, y en el caso de la ciudad economiza el costo de la obra por la dificultad de acceso de los mismos a ésta.


Cada rincón, cada casa, es objeto de admiración por sus puertas y llamadores (picaportes de hierro imitando un pequeño y fantástico dragón), sus diminutas ventanas con visillos de encaje, sus balcones corridos en rica forja y de madera tallada, ... El monumento principal de Albarracín es la ciudad misma, con todo su sabor popular y aristocrático, reflejo de su historia y del buen hacer de sus gentes.

La ciudad de Albarracín está situada a 1.171 metros sobre el nivel del mar condicionando esta altitud su clima, que se puede clasificar dentro de los mediterráneos de montaña, con matices continentales, siendo su temperatura media anual de 11º y la precipitación de 480 mm. Clima y altitud han condicionado a su vegetación, siendo la sabina albar la especie clímax. Junto a ella diversas variedades de pino y de robles y encinas degradados. De gran belleza es el paisaje del rodeno, contratando su color rojo con el verde de los pinos. Las calizas son famosas por su contenido en fósiles del jurásico.
La naturaleza ha sido generosa en la Sierra de Albarracín, pudiendo encontrar en ella una gran diversidad de ecosistemas. Cañones, profundos barrancos, cortados, peñas, escarpados roquedales, parameras, valles, suaves praderas, extensos bosques... con una gran riqueza en flora (pinos-albar, laricio, pináster, sabinas, acebos, robles, quejigos...) y fauna (ciervos, corzos, jabalíes, gato montés, ardillas, ..., aves migratorias, rapaces y otras especies de gran valor).

En la Sierra encontramos también fuentes, manantiales, lagunas y nacimientos de ríos, como el Tajo, Guadalaviar, Cabriel y otros de menor importancia fluvial, formando caprichosos remansos, pozas, cascadas.... Todo esto unido al aire limpio y fresco que aquí se respira y al verdadero espectáculo que ofrece el cielo por la noche, hacen que un recorrido por estos bellos y tranquilos parajes dejen un recuerdo inolvidable al viajero.

El clima lluvioso favorece la proliferación, en otoño, de gran variedad de setas, convirtiéndose en estas temporadas en un auténtico paraíso para los micólogos, siempre que se obtenga el correspondiente permiso de los agentes forestales. 


Es uno de los pueblos más visitados de Aragón, de ahí que esté perfectamente adaptado para el turismo. No es difícil encontrar un hostal, una habitación de hotel o una casa rural para pasar la noche o disfrutar de una escapada de fin de semana y así poder también conocer la Sierra que rodea el municipio. Tampoco falta oferta de restauración con comida casera elaborada a base de productos típicos de la tierra.

El principal encanto de Albarracín es callejear por todos sus rincones. Es recomendable que el turista lleve zapato cómodo pues todas las calles están empedradas, con cuestas y escaleras, y la subida a las murallas se realiza por un camino de tierra.

En la entrada de la ciudad monumental, en su parte baja, hay varias zonas de aparcamiento. El primero de ellos (junto al río Guadalaviar) es el más grande y está muy cerca de la Oficina Comarcal de Información Turística (Tf. 978 710 262 / email:infoturismo@comarcadelasierradealbarracin.es), única en la ciudad.

  • Si hemos dejado el coche en el primer aparcamiento de entrada a la ciudad, desde la Oficina de Turismo podemos subir hacia la Plaza Mayor por la calle Bernardo Zapater.
    Esta sección de «callejear» seguiría este trayecto.

  • Si hemos dejado el coche en las inmediaciones del Parque Municipal (siguiente aparcamiento de la zona baja), y no necesitamos pasar por la Oficina de Turismo, tenemos la opción de subir por unas escaleras que bordean el túnel y que nos llevan a mitad de la calle Azagra. Una vez llegada a ésta, hacia la izquierda iríamos a la Plaza Mayor. La otra posibilidad es tomar unas escaleras más anchas, contiguas a las anteriores, que discurren por el arranque de los contrafuertes del ayuntamiento.

También hay alguna zona de aparcamiento en la parte alta (junto al cementerio, detrás del Castillo, en la calle del Carmen), pero no siempre es fácil encontrar aparcamiento y por algunas calles el coche pasa muy justo (si vamos a algún hotel de la parte alta es recomendable que con la reserva le pidamos información al recepcionista de dónde dejar el coche, aunque sea sólo para llevar las maletas).



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